1. Pienso que es posible hablar una forma de la experiencia del tiempo a la que podría denominarse “pasado-presente”.
2. “Tiempo” en un sentido cercano al que tiene la palabra en el concepto de “tiempos verbales”, a la vez referencia temporal y expresión que condensa la experiencia humana del tiempo. Tal cosa ocurrió en el pasado, esta otra está ocurriendo ahora mismo, etc.
3. Este “pasado-presente” sería un vaivén entre la memoria (voluntaria e involuntaria) y el momento actual que vive el sujeto. Un pasado referido a hechos y experiencias que, efectivamente, ya pasaron, pero que por diversos motivos tienen todavía presencia.
4. Pienso en dos maneras muy puntuales de ese “pasado-presente”: las experiencias inconscientes reprimidas y la memoria inconsciente elaborada a lo largo de un psicoanálisis.
5. Aunque pasadas, las experiencias inconscientes no elaboradas continúan presentes. Su presencia se puede notar sobre todo cuando empujan al sujeto a la repetición inadvertida de patrones de pensamiento y conducta, actos, omisiones, lapsus, etc. En otras palabras, a la configuración inconsciente de una escena familiar de la cual, sin embargo, el sujeto no alcanza a identificar plenamente su carácter ya conocido.
6. En la memoria elaborada que se deriva de un psicoanálisis, determinadas experiencias pasadas continúan estando presentes en la vida cotidiana del sujeto, pero “actualizadas”, es decir, consideradas ahora bajo otros puntos de vista, incluso bajo otra conceptualización o caracterización, no porque el psicoanálisis modifique el hecho pasado o la experiencia subjetiva de ese hecho (“la tinta ya está seca”, como dice el Cuervo de Tres Ojos en Game of Thrones), pero sí porque el psicoanálisis suele aportar la posibilidad de mirar ciertos hechos en su contexto, en su especificidad, en las condiciones en que ocurrieron, etc., todo lo cual puede dar al sujeto un entendimiento significativamente diferente de por qué ocurrió lo que ocurrió y por qué determinados hechos los vivió de cierta manera y no de otra.
7. Esta última forma de “pasado-presente” me parece más interesante porque pienso que, al tratarse de un pasado “advertido”, iluminado por la luz de la consciencia, tiene el potencial de convertirse en una compañía a la vez acogedora y fortalecedora, un refugio y también una inesperada fuente de riqueza (no sólo en un sentido material), una especie de “otro yo” que acompaña, aconseja, reconforta: el yo pasado finalmente reconciliado con ese devenir permanente que es el yo presente.
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