Facturero (S25)

–¿Si no fuera feo estaría regalando su dinero?
–Bueno y es que además está encaprichada con él.
–Sí, es lo que vemos. No sé cómo puede.
–Yo se lo he dicho: que salga con alguien más, aunque sea en plan de amigos
–¡Pero eso de qué sirve!
–Aunque sea para dejar esos lugares tan de mal gusto de Masaryk y conocer restaurantes de verdad, o de menos unos buenos tacos…
–Eso sí.
–Yo con eso no puedo. Dos, tres meses con alguien, y me voy enamorando del siguiente.
–¡Perra!
–Sí, en serio. Creo que si no estaría como ella, gritando “¡ay, qué lindo!” a cada rato por cosas que ni al caso.
–¿En serio?
–Por supuesto. ¿O nos vamos a tragar que el ramo buchón ese que le dio el otro día es para consentirla? Ese cabrón seguro le hizo una chingadera y ella ahí como pendeja, diciéndole “¡amor!” por la más mínima gracia que su chango le hace.
–Te pasas…
–Bueno, pero un ramo buchón tú sí lo aceptarías.
–No de ese pendejo.
–Yo la veo muy contenta.
–¿Has hablado con ella?
–No, puro Instagram.
–Bueno, ahí todos somos felices.
–¿Pero tanto?
–¿No se les hace que hay algo raro?
–¿Cómo? ¿Por qué?
–Yo sí la he visto. Un día fuimos por un café y otro la acompañé a Palacio por ropa y unos zapatos que ya había visto pero no se había animado a comprar, creo que porque no tenía el dinero, y las dos veces me quedé con la sensación de que se moría de ganas por hablar sobre algo en particular, pero no podía.
–¿Cómo? ¿De ella?
–No, sobre él. Cómo se da esa vida, y de paso a ella. Qué hace cuando de la nada se le desaparece y no le responde ni los mensajes. Por qué “viaja” tanto. Pero eso sí, cuando regresa, todo lo paga con cash.
–¿Será narco?
–O peor: facturero.

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