Ante una taza de café (un ejercicio de escritura) (S19)

—¿Tú crees que si no fuera feo estaría regalando su dinero?
—Pero además está encaprichada con él.
—Sí, es lo que vemos. No sé cómo puede.
—Yo se lo he dicho: que salga con alguien más, aunque sea en plan de amigos
—¡Ay pero eso de qué sirve!
—Pues al menos deja de ir a los tacos de siempre y conoce otros lugares…
—Eso sí…
—Yo con eso no puedo. Dos, tres meses con alguien y me voy enamorando del siguiente.
—¡Perra!
—Sí, en serio. Creo que si no estaría como ella, diciendo “¡ay, qué lindo!” a cada rato por cosas que ni al caso.
—¿Crees?
—Sí. ¿O tú crees que el ramo buchón ese que le dio el otro día es para conmoverse? Ese cabrón seguro le hizo una chingadera y esta ahí como pendeja, diciéndole “¡qué lindo!” a todo.
—Bueno, pero un ramo buchón tú sí lo aceptarías…
—No de ese pendejo.
—Yo la veo muy contenta.
—¿Has hablado con ella?
—No; nada más veo lo que publica en Instagram.
—Bueno, ahí todos somos felices.
—¿Pero tanto?
—¿No se te hace que ahí hay algo raro?
—¿Cómo? ¿De qué?
—Yo sí la he visto, y las dos o tres veces que hemos platicado siempre siento que hay algo de lo que no quiere hablar.
—¿Cómo? ¿De ella?
—No, de él. Cómo gana su dinero. Qué hace cuando se le desaparece por varios días. Por qué viaja tanto.
—¿Será narco?
—O peor: facturero.

Deja un comentario