¿Por qué la obsesión de ciertos jefes por tener a sus empleados concentrados en una oficina? Bueno, “concentrados” sólo en un sentido: espacial, casi un hacinamiento, porque concentración mental se encuentra poco en esos lugares.
Se trata de una medida de dominación, no me cabe duda, porque en sentido estricto no parece haber un motivo de peso o verdaderamente contundente para forzar a decenas o cientos o miles de personas que poco o nada tienen que ver entre sí a verse las caras diariamente, convivir, escucharse, oler sus hálitos, sus sudores y sus gases intestinales, fingir interés, simpatía y a veces incluso amistad, mirar con atención condescendiente las fotografías del sobrino recién nacido, de las vacaciones recién tomadas, o escuchar por enésima ocasión las anécdotas de la temporada que tal o cual compañero vivió en Europa.
Si algo mantiene unidos todos esos vínculos parece ser únicamente la común obediencia de los empleados a la orden terminante de la dirección general: tienen que asistir a la oficina de 8 a 5, de lunes a viernes, sin excepciones.
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